viernes, septiembre 26, 2008

Una de leones

Muchos andan comentando por ahí la última publicidad televisiva de Nextel Argentina cuyos responsables intitularon "Leones". Mayormente, los comentarios a este aviso afirman que la pieza no se entiende. Por esta vez, me sumo a las mayorías perplejas, nacionales y populares. El comercial puede verse y oirse en la televisión y, además, en tanto sitio web que lo ha colgado para beneplácito de sus espectadores. Acá no voy a colgar nada así que, quien lo desee, lo mira y vuelve. O no; es decir, no lo mira o no vuelve.
La cosa es más o menos así. A lo largo de minuto y pico, un humanoide con cabezota de león y manazas de león cruza una avenida céntrica, hace un viaje en subterráneo, juega un partido de golf, acuna a un bebé humano, recibe un mensaje vía Nextel y gesticula un sordo rugido desde lo alto de un techo urbano. Sobreimprime: "Mucho más que un celular" y a continuación: "Nextel". The end.

Pero, ¿se trata de un león o de más de uno? He aquí lo primero que no se entiende o, mejor, se entiende de modos opuestos. La mayoría tiende a ver un único león atravesando segmentos de la vida -su vida- citadina. La idea persiste, incluso después de leer un breve artículo publicado por Luis María Hermida en su weblog de Clarín que asume la presencia de leones múltiples. Los mismos que anuncia el título, plural, de esta joyita del séptimo arte.
La lectura en uno u otro sentido no carece de importancia: si el fulano del disfraz es uno y único, el texto tiende a la narrativa; si se trata de varios, de muchos, la cosa es más bien descriptiva. A partir de esto puede derivarse cualquier interpretación: imagínese uno de esos avisos de tratamientos reductores en el que no quedara claro si la señora adelgazada es la misma que tenía esos kilitos de más o bien otra, o bien cualquiera, o bien todas.
Pese al título "Leones" y a la opinión de Hermida, parece primar una lectura en clave de secuencia: la de un tipo mal disfrazado de león que hace seis cosas sucesivas pero no vinculadas y cuyo resultado final, moraleja implícita, metáfora abierta o simplemente sentido no se comprende en absoluto. Hermida, que tiene un largo oficio en el metier de la crítica positiva, empieza por allí: no se entiende. Pero de inmediato condena esta cerrazón sujeta a una lógica realista (?) y halla en la pieza una supuesta capacidad de emocionar que bastaría y, quizás, sobraría: "una buena película de Pucho Mentasti tan llena de posibles metáforas como de sensaciones puramente emocionales". Una buena película es El Padrino, dejémonos de joder.
Al menos Hermida pone en juego algún trabajo de escritura donde otros sólo ponen piloto automático, copy and paste. Decenas de caraduras como, por ejemplo, InfoBAEprofesional transcriben esto: "Con una estética muy cuidada y una destacada banda musical, la pieza subraya las características especiales que le otorga a Nextel el servicio de radio, que es su atributo diferencial". La verdad es que no. Dejemos de lado tal estética cuidada que no ha cuidado la producción de ese híbrido abominable entre lo humano y lo leonino –producción que evoca a esos míseros Mickey montados en estivales trencitos de la alegría-: no hay en todo el aviso una sola referencia a ningún atributo, mucho menos a tal supuesto servicio de radio. No lo digo yo sino cien comentarios que derivan hacia lugares múltiples, impensados, delirantes, pero ninguno vinculado al mentado atributo diferencial de la marca.
No obstante, hay una amplia minoría que comprende tan bien el aviso y le resulta tan obviamente directo, que tiende a cierta soberbia condescendiente del tipo: "a ver si se avispan, giles intelectualosos, la cosa es así de clara". Esta lectura, muy masiva, sostiene que el león es el rey de la selva y la ciudad es la jungla de cemento. Luego, dos más dos: el que tiene Nextel domina a todos los demás. Mirá vos. Algunos que la tienen especialmente clara agregan que el mensaje es negativo porque incentiva el ansia de poder sobre el prójimo, etc.
A mí -y no sólo a mí- me asaltan dudas radicales. Una, boba: ¿por qué el rey cruza la calle como un peatón más y después (¿pero es después o es otro rey?) viaja en subte? Otra: ¿por qué el rey pasa desapercibido -doblemente extraño pues el tipo es el único freak (¿es el único o hay más reyes?) que anda disfrazado con una cabeza de león- entre la multitud? Y una más: ¿por qué el rey todopoderoso, que encima tiene Nextel, anda agobiado, tristón, abrumado o lo que sea le ocurra a ese gato desdichado? Suscribo sin reservas este comentario de un tal Ricardo al artículo de Hermida: "[...] por su expresión pasiva y su aspecto, parece más que un rey de la selva uno de esos leones trashumantes viejos y algo apolillados de los circos de pueblo".
El aviso, con su fulano disfrazado de león (¿pero es un león o son varios?), más que evocar la saga de la fiera dominante parece reformular aquel consejo que un tigre vencido le daba a El oso libertario: "Conformate, me decía un león viejo, con Nextel tenés más que un celular". Y no quiero meterme con la Carta de un león a otro porque no sé de cuántos leones estamos hablando.
Por último, dos lecturas específicas que ponen sentido allí donde, evidentemente, no lo hay. Como las dos leen rasgos que ni a palos están en la pieza, júzguese si alguna de ellas es en joda. O si ambas. O si lo que es en joda es el comercial:
"El león anda por la calle, entra en el subte, se levanta a la chica, luego juega al golf y entrecierra los ojos porque la recuerda (signo de que él también se enamoró). Luego acuna al niño producto de ese amor. Por último, está cansado en un bar cuando lo llaman por el Nextel. Luego ruge triunfal. ¿Fue el llamado de la naturaleza? Sin duda. Ahora él dejará a su esposa y la vida en la ciudad para volver a la selva". (Lo dice Ezequiel pero lo atribuye a su mujer: el debate ya llegó al seno de la cotidianidad de pareja).

"Me parece que nadie entendió el final. Se trata del mismo león y su vida en distintos momentos. Nunca se dio cuenta que el hijo no se le parecía en absoluto, y en el último momento se lo avisa un amigo por Nextel: ¿Qué le queda sino rugir al saber que el hijo no era de él?" (Lo dice María Inés).

Para mí que el león no es un león -de acuerdo, es muy obvio- sino el miembro de una tribu urbana que está compitiendo en un reality- show- virtual- online para ver quién aguanta más tiempo haciendo su vida con una cabezota de león sin sacársela ni para dormir. A través del Nextel -un desafío extra porque con los mitones puestos no puede teclear- manda fotos a su Fotolog, sube videos a YouTube, manda SMS a CallTV, publica su diario en Twitter y actualiza sus MySpace, Facebook y FuckYou. Pero el aviso lo capta en aquellos momentos en que se deprime y piensa en su infeliz existencia y no en aquellos otros en que se autoconvence de que va por el mejor camino hacia su meta: hacerse rápidamente famoso, dedicarse a la libre creatividad e inventar, de preferencia en noches de alcohol, cosas incomprensibles pero muy jugadas antes de que sobre su jaula de hormigón -metáfora urbana muy gastada pero ¿se entiende?; si no la explico- se largue la lluvia.

N. del E.: Las imágenes que ilustran el artículo no son de "Leones" de Pucho Mentasti sino de Bronenosets Potyomkin (El acorazado Potemkin, 1925) de Sergei Eisenstein, otro realizador de buenas películas.

sábado, septiembre 13, 2008

Los perros lamieron la sangre

Leo, por ejemplo, este título en Indymedia Bolivia: "Aumenta [sic] a 15 los muertos de 'La masacre de Pando' y el Gobierno decreta estado de sitio".
Estuve en Bolivia alrededor de tres meses repartidos entre 1982 y 1984, en aquel lejano siglo pasado. Un país amistoso y seductor y primitivo y mortífero, así era y así ha de ser un cuarto de siglo después. Volveré, quizás, porque lo mío es antes el amable desastre que el turismo aséptico.
En tan mínima estadía, compartí un viaje en tren con una madre abrazada al cadáver de su hijo, ví el ingreso de numerosas víctimas de un camión desbarrancado a un hospital miserable -me postulé como ayudante para algo pero se me desalentó muy amablemente- y auxilié a un joven con su pierna destrozada por el servicio ferroviario Santa Cruz- Sâo Paulo: lo sacamos de un tirón del andén, le hicimos un torniquete con mi pañuelo, lo subimos a la fría caja de un camión, le deseamos salud a puro silencio; su carne y su jean eran un indiscriminable amasijo sanguinolento.
Ví más herida, sangre, dolor y muerte en noventa días bolivianos que los que había visto -y vería- en el resto de mi vida. En Bolivia todo era precario y yo mismo me encomendé al demonio cuando subí a un bus con amortiguadores de madera podrida, conducido por un chofer alcoholizado por caminos de cornisa perpetuamente mojados. Yo sobreviví y acá ando diciendo esto, pero muchos otros duermen el sueño eterno en el fondo de un atractivo precipicio, con florecitas y demás.
En Yamparaez, departamento de Chuquisaca, estuve apenas una tarde. En el principio fue la cosa pintoresca del mínimo mercado de hacienda, del indígena vestido de indígena, de los productos regionales ofertados no a mí, que era el único gringo -soy nieto de europeos y amerito el indiscriminado "míster"- ese día y en ese lugar.
Una tarde son unas cuatro horas, en Bolivia suficientes para asistir a una muerte: un camión se inclinó contra un frente debido a las irregularidades de la calle y aplastó a un pobre fulano contra la mísera pared.
Juro que ví el charco de sangre y la sed de los perros y juro que -de regreso a la ciudad de Sucre- el 9 de abril de 1982 escribí los siguientes versos, tan libres en su formato como humildes en su calidad poética. Qué se le va a hacer.

Con la boca abierta y un puño apretado/ quedó quieto/ quieto y mudo contra la pared.
Ya no recordó/ la sierra ni el campo./ No hubo tiempo.
Apenas se encontró/ con la boca abierta en una palabra/ seca y hueca,/ con el cuerpo roto/ entre el camión y la pared.
Los vecinos salieron a la puerta/ a levantar plegarias y susurros,/ las viejas lloraban en quechua/ como un canto ritual.
Lejos en la feria/ los hombres vendían novillos/ a nueve quinientos o a doce,/ las mujeres higos y cerveza.
En medio del grito/ cargaron los huesos hasta el dispensario./ El pulso estaba en cero./ Le taparon la cara./ Los pies quedaron fuera de la ambulancia,/ todos vieron sus ojotas de goma.
Cruzaban por delante/ los rebaños de ovejas/ los rebaños de cabras al mercado/ donde había otra fiesta.
Se alejó el cortejo./ La muerte venía en el medio/ cabalgando un burro/ que no estaba de oferta./ Los hombres vendían novillos/ a ocho ochocientos o a diez,/ las mujeres refresco y canela.
Con el cuerpo roto en una palabra,/ con la boca abierta,/ todos vieron sus ojotas de goma.
A las dos horas/ todo había acabado.
Los perros lamieron la sangre/ sobre la vereda.
Alguien/ hizo otra cruz en el cementerio.

Veintiseis años después, alguien sigue haciendo cruces en ese enorme e histórico cementerio boliviano; antes altoperuano en tiempos del genocidio virreinal. Y si bien la muerte es un acontecer más -el último- en este valle de lágrimas, no deja de dolerme tanto boliviano gratuitamente muerto por un camión, un fascista o bien una puta lluvia que le cayó.

domingo, agosto 31, 2008

La misma piedra

Un par de meses atrás escribí un artículo que no me gustó lo suficiente como para publicar acá. Ni en ningún otro lado, claro. Trataba sobre cierta suerte de primerizo que solía asistirme en mis debuts como jugador de tal o cual juego, cómo la fortuna me abandonaba a partir de posteriores incursiones y de qué modo uno tiende a considerar que es capaz de prever resultados regidos por el azar.
Allí explicitaba una excepción: "Hace poco más de una década Clarín lanzó un juego que, se suponía, de azar tenía poco y nada. Se llamaba 'El Gran DT' y consistía en armar una suerte de selección y registrarla por correo postal: los futbolistas elegidos sumaban o restaban puntos conforme a su desempeño efectivo en las fechas del campeonato local. Inscribí mis equipos, racionalmente seleccionados en función del reglamento del juego y, obviamente, jamás gané nada. Supe revisar las frecuencias estadísticas de los puntajes obtenidos por los cientos de miles de participantes y cuál no fue mi sorpresa al verificar que su gráfico delineaba una perfecta curva normal, es decir, el dibujo que observa una distribución aleatoria. Ganar una fecha de 'El Gran DT' no era más difícil que quedar último; lo difícil era zafar de la inmensa zona gris que amontonaba la gran mayoría de los resultados. Podía ganar la fecha un erudito que estudiaba al minuto las novedades del fóbal -se podían realizar cambios vía telefónica y, por ejemplo, reemplazar a un esguinzado en la práctica del viernes- y que sabía qué fulanos bajaban su rendimiento cuando pisaban la cancha de Banfield o de Huracán. Pero en general la ganaba una viejita que había incluído al arquero suplente de Belgrano -por ejemplo, porque se llamaba como un nieto suyo- y, justo esa tarde el tipo debutaba por lesión del titular, atajaba seis tiros libres, metía un gol de penal y se consagraba la gran figura. De ese fin de semana, porque después volvía a la reserva, le rescindían el contrato y abría un parripollo a dos cuadras del estadio".
Lo que por entonces no sabía es que, con la monta de Clarín, 'El Gran DT' ya estaba en las gateras, listo para volver a sembrar sus falsas ilusiones, esta vez vía web. De haberlo sabido no hubiera escrito nada y me hubiera puesto a armar mi competitivo equipo que es exactamente lo que hice ni bien supe del retorno del certamen.
Mientras la reciente información periodística parece dejar en claro que el gobierno nacional se halla asociado a mafias transnacionales del narcotráfico, yo ando ocupado en cambiar a un zaguero de Colón de Santa Fé -que me acaba de aportar cero punto y la próxima fecha cumplirá suspensión- por uno de Lanús o de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Mientras John Mc Cain acaba de designar a su candidata a vice, Sarah Palin, gobernadora de Alaska -o de Kamchatka, no recuerdo- con el mismo look de "mujer bonita pero inteligente con varios toques de cirugía facial pero bien hechos" que ostentan mandatarias, periodistas y patinadoras por un sueño, yo ando dedicado a evaluar la conveniencia de sacar a un volante de Godoy Cruz de Mendoza y poner a otro -más oneroso pero más ofensivo- de San Martín de Tucumán. Y aún no se terminó de jugar la primera fecha de este loco torneo cuyo premio se pierde en el momento mismo de la inscripción. Pero, ¡ojo! que mi jugador estrella metió tres goles y fue figura de la cancha. ¿Quién sabe?
Tengo, incluso, trabajo postergado que en algún momento deberé hacer, pero la obvia prioridad es evaluar si mis delanteros han convertido, si no se han lesionado y si mantienen la confianza del cuerpo técnico y el apoyo de la parcialidad. En dos o tres semanas -a lo mucho un mes- me bajará la fiebre, mandaré al carajo esta reverenda tontería y comenzaré a ocuparme en otra cosa, quizás más absurda, más pavota o más infantil.
Lo que no es fácil de entender es cómo, a veces con plena conciencia, algunos tropezamos una y otra (y otra, y otra) vez con el mismo aguacero.

jueves, julio 31, 2008

92

Hace año y pico sentimos orgullo ajeno por la recuperación de identidad del Nieto N° 86 y hace poco más de dos años nos maravillamos por el encuentro con el Nieto Nº 82.
Dos años en los cuales el nombre de Abuelas de Plaza de Mayo no fue titular de ningún medio masivo, apenas una mención aquí o allá por su presencia -y por su uso y por su abuso- en algún acto y, en menor medida, en los juicios a los genocidas o en sus convocatorias a la prensa para comunicar la aparición, reconocimiento y recuperación de un nuevo Nieto.
Dos años, y diez nuevas identidades recuperadas. A pocas horas de un nuevo juicio a Jorge Rafael Videla, de haber escuchado a ese despojo de humanidad -al que un "hijo de puta" le queda tan chico- llamado Luciano Benjamín Menéndez y del extraño y simple modo en el que un represor como Julián Angel Corres logró evadirse y está hoy libre, sin que los medios hayan hecho centro en la noticia, reduciéndola, a lo sumo, a un caso de aparente negligencia policial sin mucha relación con la actualidad política.
Diez nuevas identidades que son diez vidas nuevas, multiplicadas en cientos de familiares, amigos, alegrías y esperanzas para aquellos que aún buscan. Noventa y dos vidas rescatadas de la oscuridad en la que sus apropiadores las sumergieron por el trabajo incansable, insobornable, de las Abuelas que jamás perdieron de vista el objetivo.
Los medios difundieron la noticia, la conferencia de prensa o la escueta información, algunos cerraron con alguna frase cortés de compromiso (mediático) y pasaron a temas más importantes, como el conflicto comercial que gira en torno a Lionel Messi, enfocado en su deseo y su destino. Apenas algunas frases corteses que en algún caso resultan ofensivas, como la de un conductor del noticiero de la tarde de C5N que consideró que "es una suerte haber hallado otro nieto", como si la suerte tuviese incidencia relevante en el proceso.
Hace algo más de dos años nos maravillamos y hace uno y pico sentimos orgullo ajeno, y hablamos de dignidad y respeto, multiplicados en cada Nieto recuperado. Dignidad y respeto que no se olvidan entre uno y otro, porque cada día, cada instante, hay una Abuela y un Nieto trabajando por quienes aún continúan apropiados, por devolverles su identidad original y una parte de su memoria: esos aspectos fundantes de la vida humana, esos reclamos irrenunciables de la vida social.
Seguramente mañana los medios informen nuevos números, noventa y tres, noventa y cuatro, cien, con menos interés del que pusieron para enumerar los días del "paro del campo", y algunos, sólo algunos, comprenderán la magnitud de todos y cada uno de esos números y, detrás, podrán ver la inagotable claridad con que las Abuelas siguen atravesando la tormenta.

domingo, julio 27, 2008

Aguante la amistad

El último post de Patricio Bazán, "Friends will be Friends", y sus comentarios, me incitaron a escribir uno. En principio era sólo un comment en su blog, pero comprendí que sería un abuso por su extensión. Podría haber apelado al poder de síntesis, pero cuando se tienen ganas de escribir, se escribe.
Un par de veces viví experiencias similares a la que relata en un comentario, reencuentros con ex amigos, compañeros o algo en los cuales el nombre y recuerdo de alguien no corresponde con quien tenemos adelante (tampoco nosotros somos quien ellos recordaban), especialmente con quienes no veíamos desde la adolescencia y más que reencuentros parecen remakes, quedando la sensación de que muchos de ellos pretenden ser aún aquel adolescente gritón, hormonal y adrenalítico, aunque con unas décadas de más resulte un tanto patético.
En su comentario Patricio se refiere a los "amigos" virtuales y recuerdo haber tenido la misma sensación en reencuentros con gente con la que me comunicaba por mail o chat, especialmente salas de chat en las cuales alguna vez me sentí cómoda y parte, y al regresar después de un tiempo me pregunté cómo podían seguir con las mismas charlas, las mismas jodas, los mismos jajaja que me hacían dudar de que alguien realmente se estuviese riendo.
Supongo que en esas reuniones juega mucho el querer volver a ser quien y quienes ya no se es, pero lo que en realidad me quedó picando del post de Patricio (y cada vez que lo escucho/leo) es el término "amigo".
Reconozco que mi relación con la amistad ha sido varias veces del tipo "síganme, no los voy a defraudar" por lo que me cuesta bastante confiar en su existencia y, por lo mismo, es una relación que valoro y respeto mucho y me molesta ver cómo se la bastardea. No Patricio, por supuesto, ni casi todo aquel que habla de ella (con excepciones, claro), más bien se trata de un bastardeo de origen.
La culpa es de la lengua. Según la Real Academia, amistad es "afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato". Según yo, además de que jamás es "desinteresado" (otro término bastardeado) ya que siempre implica un interés, y de que se aplica a otras relaciones (de pareja, por ejemplo), no es lo que nos une con tantos a los que alguna vez llamamos "amigo". De hecho yo tengo un afecto personal, puro y desinteresado que nació y se fortaleció con el trato con muchos a quienes jamás llamaría amigos, hasta con el kiosquero (no es peyorativo, es un gran tipo). También con algunos blogger que leo y valoro, de un modo distinto al que se puede valorar un buen libro porque se da aquello de "compartido...se fortalece con el trato", y aunque en ambos casos, libros y blogs, "son lo que escriben y uno los elige así" (Patricio dixit) nadie llamaría amigo a Cortázar, porque no suele respondernos.
El problema es que no se inventó la palabra adecuada, aunque todos sabemos que cuando requerimos un amigo lo buscamos en un ámbito personal, íntimo y privado.
Término bastardeado que usamos como explicación para poner la relación en un nivel más bajo que otras, diciendo que alguien, por ejemplo, es "sólo" un amigo, por aquello de dejar la sexualidad de lado (aunque no conozco relación de pareja que sobreviva mucho sin amistad). Por alguna razón nadie se ofende si le dicen que es ex-pareja, cuando eso es lo que es, pero llamar "ex-amigo" a alguien aunque no lo veamos hace treinta años suena ofensivo, en todo caso es un viejo amigo al que no vimos en mucho tiempo, pero ¿no era que se fortalecía con el trato? ¿no es que las re-uniones suelen mostrar que ya no somos los que éramos? Para pasar a la categoría de ex-amigo debe mediar una discusión, no hay separaciones amistosas (paradójicamente).
Apelamos a un arsenal de epítetos, descripciones o aclaraciones del tipo "es un amigo de verdad" (¿los otros serán de mentira?), o caemos en un agujero negro para definir a quienes son algo más que conocidos, pero sin llegar a ser amigos. Sino, simplemente, llamamos a todos del mismo modo, tanto al que no vemos hace años (ni tenemos interés en hacerlo) pero cuando nos encontramos está todo bien como al compañero de trabajo con quien también compartimos un café aunque jamás llamaríamos cuando estamos bajoneados, al que estuvo al lado para sostenernos cuando nos caíamos y al que se acordó de llamarnos en un cumpleaños, aquel con quien contamos para llorar de risa o de angustia y aquel con quien podemos llorar de risa. Pero no es culpa nuestra, no hay palabras que ubiquen un espacio vital para cada uno.
Por principio desconfío de cualquiera mayor de 25 años que dice tener decenas de amigos, no desconfío de él, sino que sospecho que hablamos en distinto idioma.
Por principio también me siento incómoda cuando alguien se refiere a mí como "mi amiga" cuando yo no siento serlo, pero como de hecho soy mi única incondicional amiga no dudo en decirme que tales extremos son sólo productos de mi historia y no leyes universales.
Quizás todos aquellos a los que se llama amigos, con quienes compartimos buenos momentos, complicidades, afecto y respeto son en realidad amigos, y lo que no existe es un término para esa otra relación única y profunda de confianza, apertura, vulnerabilidad, empatía, simbiosis, entrega, que con mucha suerte alguna vez en la vida logramos.
Entre el millón de amigos que quería Roberto Carlos y el amigo que no está del Tema de Pototo hay varios abismos. Según los abismos de cada uno lo que ve es simple garúa o definitivo diluvio.

miércoles, julio 16, 2008

El mono tremendo

-Anoche tuve un sueño, doctor.
-Ajá.
-¿Sabe? Cuando yo era chico, muy chico, vivía a pasos de Plaza Congreso. A veces mis padres me llevaban a darle de comer a las palomas. En el sueño yo era grande, adulto, pero alguien me llevaba de la mano. Íbamos por la calle Yrigoyen pero el que me llevaba me mentía: "Vamos por Perón". Era un mono alto, bastante bizco, que hablaba raro, marcando las eses. Y se nos cruzaban simios extraños que me decían al oído: "Evita, evita ir por Perón". El que me llevaba de la mano me decía: "Vas a ver las palomitas" pero cuando llegábamos a la Plaza había mucha neblina y apenas se veían unos monos que bailaban. Yo le decía: "Son gorilas en la niebla".
-Gorilas en la niebla.
-Y al alzar la vista me daba cuenta de que me llevaba de la mano un mono enorme, una especie de King Kong.
-King Kong.
-Entonces miraba alrededor y me daba cuenta de que estábamos en Palermo, justo enfrente del Jardín Zoológico. Y había un escenario inmenso y arriba del escenario, había doce monos.
-Doce monos.
-Sí, (no repita todo por favor, me escucho lo que digo) que bailaban. El escenario estaba montado sobre las escalinatas del edificio del Congreso. Yo pensaba que el Congreso no está en Palermo mientras el mono que me llevaba de la mano gritaba y enronquecía. Entonces, me soltaba de su mano y corría, y corría, y la monada aplaudía, bailaba y vociferaba. Hasta que un gorila me alzaba y les decía a todos: "Gracias, gracias, el pibe está conmigo". Era un mono que lucía no (por favor, no repita, está de más) sólo cabello muy blanco sino un peinado aplastado; me toqueteaba y me decía: "Ahora vamos a un barrio nuevo, donde vivíamo' ya no".
-¿Dónde vivía Moyano?
-No, ya no, a un Barrionuevo.
-Ajá.
-Entonces volvía a aparecer el mono bizco con otro simio moreno y unos cuantos monitos progresistas que danzaban al grito de: "Gorila puto, vas a pagar las atenciones del gobierno popular", me arrancaban de los brazos del mono toqueteador, me manoseaban a lo loco mientras me arrastraban hacia una elevación de la Plaza Congreso, me metían en una carpa y me decían: "Esto es un secreto en la montaña".
-Secreto en la montaña.
-Sí (cortelá un poco con la cuestión cinematográfica, ¿ok?). Y ahí me desperté.
-¿Y qué asocia con esto?
-En primer lugar, me parece que está claro que por la plata baila el mono.
-Ajá.
-Y creo que cualesquiera sean los monos que ganen a los otros monos, me van a terminar rompiendo el culo.
-Eso podría estar expresando fantasías homosexuales no asumidas con fuertes componentes de una zoofilia reprimida.
-Sin duda, podría, pero también podría ser una lectura política sostenida por medio siglo de experiencia nacional.
-Y popular.
-Y popular, es cierto.
-Es curioso que en esta sesión no haya mencionado la lluvia.
-Me extraña, doctor: todos esos monos no son más que una metáfora de la fuerte lluvia que va a caer.
-Ajá.

viernes, junio 27, 2008

La era de la boludez

No sé si alguna vez lo dije por aquí, pero hace unos cuantos años, en una época en la cual, casualmente, me creía inteligente, leí un graffiti que quedó clavado en mi memoria: "Si usted es inteligente ¿por qué no es millonario?". En esa época, como dije, me creía inteligente y jugada (por cierto, me jugaba por ser tan poco inteligente, pero es otro tema) y estaba demasiado ocupada en pavadas como la lucha contra el capitalismo, la revolución y la legalización del porro.
Hace unos meses, cuando decidí duplicar mis horas de trabajo por razones económicas (no por amor a la docencia, ya que, justamente porque la amo, prefiero que no me agobie) volvió muchas veces a mi mente aquello leído décadas atrás. Evidentemente no actué con inteligencia, lo que implica una serie de decisiones poco inteligentes. Recorriendo un poco mi vida pude definir y listar las más trascendentes, decisiones que muchos, como yo, toman sin conciencia de las consecuencias económicas (no me vengan con argumentos como vida, amor, felicidad, moral y esas cosas, hablamos de ser o no millonarios).
En primer lugar: casarse o vivir en pareja, para el caso es lo mismo (aunque casarse es más torpe, porque los divorcios cuestan bastante). Una pareja siempre implica gastos. Obviamente no me refiero a aquellos que son mantenidos por una pareja, ese es otro caso que merece o no un post algún día. Me refiero a dos simples trabajadores que deciden compartir sus vidas más allá de lo romántico/sexual. Tu pareja siempre tendrá gastos que a criterio personal son innecesarios, duplicará gastos de servicios y ni hablar de los insumos ¿quién no tuvo una pareja que le rompió vasos o le usó una remera que de otro modo podría haber durado más? Haciendo cuentas una pareja nos cuesta mucho.
Segundo: tener hijos. Un gasto enorme e innecesario. Sólo con ver el precio de los pañales y compararlo con nuestra ganancia/hora ya podemos llorar. Literalmente, y si se me permite ser un tanto grosera, se cagan en nuestro trabajo. Y pretenden comer todos los días, crecen y hay que comprarles ropa, siguen creciendo y quieren salir, y con eso de que están estudiando uno debe bancarlos. Algunos pueden decirme que son inversiones a futuro, pero haciendo cálculos, para cuando pudiesen devolver algo nosotros ya habremos pasado la mayor parte de nuestras vidas, así que no cierra. Sin duda, entre las decisiones poco inteligentes, debería estar en primer lugar, ya que una pareja al menos aporta.
Tercero: amigos. Otro gasto inútil. Los amigos siempre implican regalos de cumpleaños o casamiento, invitarlos alguna vez a salir, comer algo o tomar un café, llamadas por teléfono, y ni hablar si encima es uno de esos (generalmente del mismo género) que nos piden prestado el pantalón o un CD.
Cuarto: el trabajo. La elección de la profesión es vital, ¿qué es eso de "yo quiero ser maestra"? Cualquier padre responsable debería reprimir violentamente a un hijo que plantée un futuro semejante (a propósito, un saludo a mi mamá que me está leyendo).
Qué sería del mundo sin docentes y profesionales similares (en cuanto a reconocimiento) es algo que no viene al caso, ser inteligente es ser realista, y lo real es que el Estado nunca tuvo interés en más incentivo docente que ofrecer una carrera corta de la cual se egresa con capacitación mínima (pero ya lo dice el viejo dicho "los partidos se juegan en la cancha y a los maestros los hacen los alumnos"). Por lo tanto elegir una carrera como esta es una reverenda estupidez. Obviamente hay miles que ni siquiera pudieron elegir una profesión, pero quienes sí pudimos y elegimos tan mal casi merecemos llegar a fin de mes contando monedas.
Hablando del Estado, y dado que está claro que no alcanzar la condición de humano VIP es responsabilidad de cada uno, lo que demuestra una incapacidad, estuve pensando en enviar al Congreso un proyecto (total en este momento no están haciendo nada) de subsidio o similar llamado "Plan Boludos y Boludas". Podrían acceder a él todos los boludos y boludas de mi patria que pudiesen acreditar haber cometido al menos dos de los errores listados, los que laburaron toda su vida y jamás les regalaron nada (ni hablar de una casa o lote), los que presencian impotentes el circo entre las oligarquías, los que hace unos días no agarraron cacerolas (por cierto, vi unas tan nuevas y brillantes que pensé ir a pedirle a quienes las blandían que me la cambien por mi vieja y abollada olla), los que no se dejaron tentar por las siete carpitas que decoran la plaza ni siquiera para mandar un manatí inflable relleno de TNT, ni tienen cuentas bancarias, ni acceso al megacurro de la soja, ni voz ni voto (bueno, sí tuvieron voto, pero es otro tema), en definitiva, los miles de habitantes grises que diariamente van a laburar esquivando cortes de rutas, calles, luz y sueldos sólo por haber sido lo suficientemente idiotas como para no formar parte de los inteligentes como D'Elia, De Angeli, Macri, Kirchner, etc etc.
Aunque casi todos esos están casados, tienen hijos y amigos...¿será que el ser inteligente pasa por otro lado? Como sea, merecemos un plan Boludos y Boludas, antes de que la leche derramada nos empiece a llover encima.