Sabatino, Javier, Marina y otros pelotudos
Los usos sociales de este medio de comunicación que ha dado en denominarse blog suelen desechar un tipo de práctica que, no obstante, el dispositivo habilita e incluso fomenta: la lectura de viejas entradas que permanecen archivadas, disponibles e indizadas por fecha. Como ha señalado 1+, en casi todo blog hoy no es (sólo) hoy; y en los comentarios de éste, un entusiasmado SirThomas prometió iniciar "la lectura del blog en su totalidad", elogiosa empresa que no sé si habrá alcanzado.
Es cierto que las viejas entradas continúan indexadas por los buenos buscadores (motores) y que miles de malos buscadores (usuarios) van a parar donde no querían, pero es francamente raro que dichos usuarios se tomen el trabajo de dejar comentarios en antiguos artículos: más bien tocan y se van, homenajeando a aquellos viejos wines futboleros.
Este blog cuenta con una entrada que constituye su excepción: está publicada hace más de tres años y se titula "Sabatino Arias: un pelotudo insoportable". El mérito y la culpa son sólo míos. Tal artículo no sólo mantiene un lugar de privilegio en las búsquedas que conducen a este sitio sino que continúa cosechando comentarios, a favor y en contra de la pelotudez de Arias. Bueno, comentarios, es un decir.
Hace un par de días, esa entrada ameritó la escritura de un feliz matrimonio: el que constituirían Javier (49) y Marina (38). Se supone que los números representan años de vida pero también podrían significar coeficiente intelectual o cantidad de neuronas: en cualquier caso, no veo la relevancia del indicador. El supuesto Javier no suscribe como Javier sino como Anónimo pero 22 minutos más tarde su señora esposa, Marina -que también suscribe como Anónimo-, aclara los tantos.
Javier y Marina, que de los tres años y pico de este blog no conocen ni el nombre, se permiten denominarnos (entiendo que a editores y comentaristas) como "congregación de idiotas mal masturbados", dicen que "puede ser que [Arias] se los fornique a todos juntos", que quizás "les habrá fornicado a las novias, hermanas, madres" y terminan por condenar "tanta mariconada sin poner los testículos". No sé ustedes, pero yo intuyo algún problema sexual en esta tan armónica pareja.
Tal vez no sea una pareja sino el agente de prensa de Arias o, por qué no, el mismísimo Arias. Y acá arribo al tema que me interesa abordar: el personaje, es decir, el enunciador. Se me disculpará la digresión semiótica porque me resulta imprescindible: el enunciador es el personaje que el discurso produce en términos de su aparente sujeto emisor. Yo no sé quién sea el tal Arias en su privacidad y me importa tres carajos; sólo opiné acerca del enunciador Arias que se vende (y muy bien) públicamente como tal. No parece tan difícil de entender.
Sin embargo no se entiende. Los buenos de Javier y Marina no parecen comprender que el discurso público está sujeto a la opinión y a la crítica y, por más que ellos no den la cara, pretenden que yo sí la dé. No les basta mi firma autoral, quieren la carne y el hueso. Parecen del tipo social "machito de barrio" que no admite otra solución que la que devendría de la pelea a trompadas en una esquina. A trompadas, porque el que agarra un palo es un definitivo puto. Barrabravas de Arias, ni más ni menos.
El supuesto idiota de Javier dice que Arias genera "tanta incoherencia en este blog?, esto me preocupa bastante!". ¿Desde cuándo al anónimo Javier le preocupa bastante la supuesta incoherencia en este blog? Luego me urge a que convoque a Arias a "una charla mano a mano" y sentencia: "si no lo hacen son unos cagones". Mirá vos, Javier, ¡qué capo que sos! Y qué valiente, ¿puedo ser tu amigo? La idiota de su supuesta esposa, Marina, agrega que "el tipo en cuestión es público, su nombre y su foto anda por todos lados" y por lo tanto nos reclama -en su media lengua escrita-: "porque no publican una fotito de Uds.?". ¿Quieren fotito?, ¡va una fotito!, ¿por qué no?
La razón por la cual aquí he criticado esa cosa radiofónica cuyo enunciador se denomina Arias es que esa cosa era (parece que Continental entendió que era una cosa inconveniente y la limpió) pública y se transmitía por una de las dos o tres radios de mayor alcance nacional. Javier y Marina, pedazo de idiotas enunciadores, ¿creen que la opinión sobre textos o la crítica mediática amerita resolver algo a piñas mostrando quién tiene mejor identificación social con los estereotipos del macho? Quizás sí; algo de esto ya está embrionariamente presente en la enunciación primitiva y machista de Arias.
Y ojalá puedan mejorar su performance de falsos comentaristas antes de que la lluvia nos caiga encima, a todos. Porque ustedes, lamentablemente, son promotores de la puta lluvia que nos caerá.
Este blog cuenta con una entrada que constituye su excepción: está publicada hace más de tres años y se titula "Sabatino Arias: un pelotudo insoportable". El mérito y la culpa son sólo míos. Tal artículo no sólo mantiene un lugar de privilegio en las búsquedas que conducen a este sitio sino que continúa cosechando comentarios, a favor y en contra de la pelotudez de Arias. Bueno, comentarios, es un decir.
Hace un par de días, esa entrada ameritó la escritura de un feliz matrimonio: el que constituirían Javier (49) y Marina (38). Se supone que los números representan años de vida pero también podrían significar coeficiente intelectual o cantidad de neuronas: en cualquier caso, no veo la relevancia del indicador. El supuesto Javier no suscribe como Javier sino como Anónimo pero 22 minutos más tarde su señora esposa, Marina -que también suscribe como Anónimo-, aclara los tantos.
Javier y Marina, que de los tres años y pico de este blog no conocen ni el nombre, se permiten denominarnos (entiendo que a editores y comentaristas) como "congregación de idiotas mal masturbados", dicen que "puede ser que [Arias] se los fornique a todos juntos", que quizás "les habrá fornicado a las novias, hermanas, madres" y terminan por condenar "tanta mariconada sin poner los testículos". No sé ustedes, pero yo intuyo algún problema sexual en esta tan armónica pareja.
Tal vez no sea una pareja sino el agente de prensa de Arias o, por qué no, el mismísimo Arias. Y acá arribo al tema que me interesa abordar: el personaje, es decir, el enunciador. Se me disculpará la digresión semiótica porque me resulta imprescindible: el enunciador es el personaje que el discurso produce en términos de su aparente sujeto emisor. Yo no sé quién sea el tal Arias en su privacidad y me importa tres carajos; sólo opiné acerca del enunciador Arias que se vende (y muy bien) públicamente como tal. No parece tan difícil de entender.
Sin embargo no se entiende. Los buenos de Javier y Marina no parecen comprender que el discurso público está sujeto a la opinión y a la crítica y, por más que ellos no den la cara, pretenden que yo sí la dé. No les basta mi firma autoral, quieren la carne y el hueso. Parecen del tipo social "machito de barrio" que no admite otra solución que la que devendría de la pelea a trompadas en una esquina. A trompadas, porque el que agarra un palo es un definitivo puto. Barrabravas de Arias, ni más ni menos.
El supuesto idiota de Javier dice que Arias genera "tanta incoherencia en este blog?, esto me preocupa bastante!". ¿Desde cuándo al anónimo Javier le preocupa bastante la supuesta incoherencia en este blog? Luego me urge a que convoque a Arias a "una charla mano a mano" y sentencia: "si no lo hacen son unos cagones". Mirá vos, Javier, ¡qué capo que sos! Y qué valiente, ¿puedo ser tu amigo? La idiota de su supuesta esposa, Marina, agrega que "el tipo en cuestión es público, su nombre y su foto anda por todos lados" y por lo tanto nos reclama -en su media lengua escrita-: "porque no publican una fotito de Uds.?". ¿Quieren fotito?, ¡va una fotito!, ¿por qué no?

La razón por la cual aquí he criticado esa cosa radiofónica cuyo enunciador se denomina Arias es que esa cosa era (parece que Continental entendió que era una cosa inconveniente y la limpió) pública y se transmitía por una de las dos o tres radios de mayor alcance nacional. Javier y Marina, pedazo de idiotas enunciadores, ¿creen que la opinión sobre textos o la crítica mediática amerita resolver algo a piñas mostrando quién tiene mejor identificación social con los estereotipos del macho? Quizás sí; algo de esto ya está embrionariamente presente en la enunciación primitiva y machista de Arias.
Y ojalá puedan mejorar su performance de falsos comentaristas antes de que la lluvia nos caiga encima, a todos. Porque ustedes, lamentablemente, son promotores de la puta lluvia que nos caerá.