lunes, mayo 25, 2009

¿Campañas o proyectos?: ¡campañas!

Desde hace unos días quería decir algo acerca de una cuestión puntual -¿fútbol gratis por TV?- del Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. No porque el resto de las cuestiones que aborda no sean relevantes sino porque ésa me permitía ejemplificar de qué modo el gobierno nacional miente cuando hace campaña por su proyecto; es decir, de qué modo el gobierno nacional miente que hace campaña por su proyecto cuando en rigor sólo lo usa -como usa a muchos forros- para hacer campaña electoral mediante fondos públicos.
La cosa es que me pongo a tomar algunos apuntes y, cuando voy a guardarlos en la carpeta en que los guardo, me encuentro con un archivo de nombre casi idéntico al que iba a ponerle. "¿Y esto?", me dije. "Esto" era un artículo completo que produje hace exactamente dos meses y por alguna razón olvidada decidí no publicar o postergar o alguna cosa que, justamente, no recuerdo. Olvidada la razón pero hallado el artículo, lo releo, lo corrijo -es difícil resistirse al toqueteo de forma o de fondo de la propia escritura- y me propongo publicarlo, quizás como introducción a otros sobre el tema: quizás no.
Pero como me resulta medio extenso me pregunto si no habrá sido ése el motivo por el cual desistí publicarlo y no me respondo nada porque, ya lo dije, no me acuerdo.

En el último año y pico ha proliferado un tipo de blog -también de sitio web con pretensiones mayores que las usuales de un blog- cuya discursividad se halla explícitamente alineada con la del gobierno nacional y, más específicamente, con los lugares y motivos que fija la agenda, un poco estentórea y otro poco estertórea, del presidente del Partido Justicialista que adopta ipso facto el coro numeroso que sostiene el discurso, la política y el modelo -¿pero cuál carajo es el modelo? Como bien sugería aquí Grismar, estar en contra del actual gobierno no significa aliarse a la actual oposición -me refiero a ésa que se autodefine y es definida como tal- y existen terceras, cuartas y quintas posiciones; también décimosextas y trigésimas por decir unos ordinales cualesquiera.
En esa agenda que el kirchnerismo fija de una noche a su mañana, acaba de aparecer la falsa propuesta de debatir un proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Se sabe que tal operación oportunista se halla enmarcada en la aparente disputa que el gobierno mantiene con el monopolio mediático de Clarín. Con el de Telefé, por ahora, parece estar de parabienes, quizás debido a esa posición espantosa de que para combatir algo basta con aliarse a cualquiera que se le oponga, en cualquier nivel o aspecto, como es el de la competencia por el rating. Se sabe que a este pulpo de la industria de la comunicación que es Clarín este gobierno le ha condonado o compensado deudas y aprobado de hecho nuevas fusiones monopólicas; se sabe que, además, le ha extendido por decreto y por muchos años las licencias públicas que usufructúa; y se sabe que mañana, tras espurios acuerdos, todo podría pasar a un definitivo olvido.
Pero los fieles del kirchnerismo, oficiales u oficiosos, rentados o voluntarios, han salido a mencionar, aquí y allá, el proyecto de ley como si se tratara del colmo de una profunda reforma progresista y de la herramienta que los grandes medios y sus socios temerían tanto o más que una huelga insurreccional de la clase trabajadora. Y cuando digo que mencionan, me refiero a que mencionan: la utilización de tal proyecto suena más a argumento amenazante que a vocación de debate y, me animo a decir, el proyecto se presenta de tal modo que ni siquiera convoca a su lectura sino a su iletrada defensa: lo que dice sólo se supone, porque el proyecto tiende a su ilegibilidad. Los trust mediáticos juegan a ignorarlo y, de vez en cuando, a deslizar alguna diatriba alineada con la libertad de prensa que, en las voces de sus voceros, significa de mercado. Y los progresistas kirchneristas -perdón por el oxímoron- juegan a nombrarlo como la deuda que un cuarto de siglo de democracia no había logrado saldar. Tardaron 6 años en detectar que la normativa vigente estaba sancionada por la última dictadura hace tres décadas y entretanto extendieron licencias a El Trece y demás trusts. Pero ahora se dieron cuenta, justo durante la campaña electoral adelantada en unos cuantos meses. Ahora sí, por fin sí.
Parece que -excepto, quizás, los abogados de los grandes medios y los productores de los medios ínfimos- nadie lee ni leerá atentamente el proyecto y mucho menos lo discutirá y esto tiene una razón de peso pesado: es un mamotreto mal escrito que -uno lo descubre si es capaz de al menos ojear sus 148 artículos- no subvierte nada demasiado relevante del actual sistema de medios desde el punto de vista de los condenados usuarios.
El proyecto, la redacción, el léxico, los conceptos, el objeto, atrasan unos veinte años. Cuando comencé a leer me asaltó el dejà vu de que esto ya fue. Y claro, recordé una asignatura que cursé hace década y media y cuya bibliografía de base data de los 80 e incluso de los 70. Es lógico que así sea: desempolvaron de mucho apuro un texto que dormía la paz de su sepulcro quizás desde la primavera del 83 y le cambiaron un par de términos.
Pero quiero referirme a lo más básico, a aquello que el proyecto propone legislar y que debería ser el punto de partida de toda norma que se precie. Tengo muchas más observaciones, opiniones y posiciones pero esto no es un contraproyecto sino apenas un comentario humilde y acotado aunque ya extenso.
Y debido a tal extensión, lo interrumpo acá para prometer su segunda parte. Continuará... si la lluvia no nos cae antes.

Avances de la próxima entrega:
El artículo 1, "Alcance", afirma que "El objeto de la presente ley es la regulación de los servicios de comunicación audiovisual" y el artículo 2, "Carácter y alcances de la definición" -la cual no ha tenido lugar en el anterior- sostiene que "La actividad realizada por los servicios de comunicación audiovisual se considera una actividad de interés público". Bien dicho, pero sigo ignorando el alcance de la definición de tales "servicios", que jamás se hace. El artículo 4, que se llama "Definiciones", promete resolver todas mis dudas:

lunes, abril 13, 2009

Verás que todo es cinismo

Días atrás, en mi comentario a la última entrada publicada por Grismar, reflexionaba:
"Hace 20 años Carlos Menem confesó que si no hubiera ocultado su programa de gobierno, no lo habría votado nadie. Hace unos días, Artemio López afirmó que las tendencias de voto que se hacen públicas durante la campaña son falsas... mientras difundía resultados de su consultora que daban ganador por amplio margen a Néstor Kirchner. En estas dos décadas parece haberse aceptado la idea de que el cinismo, la mentira y el engaño son el modo de ser de toda política electoral. Ya lo dijo, a su modo, la Presidente: en medio de la crisis no podemos estar discutiendo el modo de enfrentarla; votemos rápido sin debatir casi nada y listo el pollo. Traducción: la democracia burguesa y su apelación al sufragio es una puesta de cartón pintado".
Pero, claro, entonces me quedaba bastante corto respecto del cinismo; no así en relación a la mentira y al engaño, puesto que un amplio espectro ciudadano no parece resultar engañado sino más bien predispuesto al apoyo activo del cinismo político.
Tras los dichos de Cristina Fernández -reitero: en época de crisis no podemos perder tiempo discutiendo política- se sumaron los de su cónyuge y jefe político Kirchner: quienes encabezan listas electorales no tienen porqué postularse en serio para ocupar los cargos que se someten a sufragio popular. El concepto pergeñado para defender tal criterio -de reminiscencias fuertemente religiosas- es el de candidaturas testimoniales.
Recordé que mucho tiempo atrás rememoraba:
"Hace unos cuantos años, una demócrata decidida me explicaba que las instituciones políticas, la estructura macroeconómica, la política cambiaria y financiera, los planes de inversión productiva, en síntesis, las decisiones que rigen los destinos de un país no dependen del gobierno de uno u otro partido: gane quien gane una elección, la baraja ya ha sido repartida y por lo tanto la suerte está echada. Coincidí (y coincido) pero diferimos en nuestras conclusiones prácticas. Ella iba a votar a los radicales porque juraba que organizarían más conciertos públicos en las plazas; yo, en cambio, asumo que el sufragio nunca cambia nada importante y prefiero que no se me consulte acerca de pelotudeces menores".
Hoy aún aquella tonta y falsa alternativa entre organizadores o no de recitales en espacios públicos ha sido blanqueada. Por un lado, ya no son relevantes -si es que aún existen- los partidos: quienes se autoproclaman peronistas o radicales medran en toda alianza, frente, coalición y/u otra componenda electoral que se pretenda y cualesquiera de estos engendros se basa en personas, nunca en programas. Por el otro, se ha puesto negro sobre blanco que las marcas registradas que encabezan las boletas electorales no guardan mayor relación con quienes ocuparán tales cargos electivos. No es que me desvelen los nombres ni mucho menos pero resulta que los nombres propios -marcas comerciales- son el residuo final de un aparato político en descomposición que hace décadas oculta sus planes de gobierno con el aval entusiasta de una amplia mayoría del electorado.
Es decir: a) han desaparecido las plataformas electorales en tanto propuestas de acción política; b) se han disuelto en algunos nombres y apellidos a la usanza nobiliaria de siglos pasados; y c) tales nombres y apellidos aceptan, admiten, confiesan, ser la mascarada tras la que se ocultan otras cosas, las únicas relevantes.
Sinceramente, nada de esto es nuevo, sino el hábito centenario de los operadores políticos del sistema. Antecedentes recientes de esos falsos candidatos podemos encontrar en los casos del ex poeta rosarino Rafael Bielsa y del impresentable doctor Ginés González que se postuló a no sé qué cargo legislativo, tras los comicios renunció raudamente y migró a hacerse cargo de la embajada argentina en Chile: un amante de la cueca, el buen vino y el ceviche, sin dudas.
Lo novedoso es que, ahora, se prescinde de la engañifa argumentativa y se confiesa abiertamente la estafa: votame para diputado sabiendo que no renunciaré a la gobernación que ejerzo; votame sabiendo que el sufragio es la ficción que convalida la no ficción del poder político que detento. Eso, me parece, es nuevo.
Y es lógico: los mitos terminan cayendo cuando ya no pueden sostenerse y dan lugar a otros. Por ejemplo, al que afirma que este gobierno nacional es popular, democrático y de centro- izquierda; o a ese otro que defiende que esas mismas linduras caracterizan a la hoy -hoy, lunes 13; el 14 quién sabe...- autodenominada oposición.
"Verás que todo es mentira", profetizaba Enrique Santos Discépolo hace demasiadas décadas. Ya no hace falta sensibilidad poética, actividad heurística, experiencia de vida ni formación política para ver bien de frente el cinismo en toda su crudeza. Quien no quiera verlo, que se haga cargo de su voluntaria ceguera; hoy el poder político nos lo dice claramente, con todas las letras y con la misma impunidad con la que se desplomará la lluvia.

viernes, marzo 27, 2009

Obscured by clouds

Me desperté sintiendo y pensando el calor. El reloj titilaba, lo que me indicaba un nuevo corte de luz en algún momento de la noche, pero no la hora, por lo que recurrí a lo que tuviese a mano y no me obligara a levantarme: el control remoto del televisor. Lo encendí y antes de ver la hora me enfrenté a la cara de Alfredo De Ángeli diciendo "cómo nos mienten". Mi reacción inmediata fue estornudar, lo que me llevó a sospechar que estoy desarrollando algún tipo de alergia.
Eran las 4:32, apagué antes de seguir escuchando las mismas frases que se repiten hace demasiado tiempo y decidí que aún podía seguir durmiendo. Mi mente, por su lado, decidió seguir pensando sin que le importase un catzo mi intención onírica.
Que estoy a años luz de ser una mujer K y a la misma distancia de estar con la oligarquía campestre es algo que cualquiera que me conozca y/o haya leído algún viejo post (mío o de Cinzcéu, es la misma base) ya sabe, así que no necesito repetirlo, pero ahí estaba, con mi hemisferio izquierdo pensando en la realidad fragmentada en flashes mientras el derecho me repetía que me durmiese, que en unas horas tendría que trabajar. Obviamente ganó el izquierdo.
Quien me conoce también sabe que no creo en la casualidad, pero no puedo evitar ver cómo, casualmente, suceden algunas cosas. Por ejemplo, cuando casualmente se habla del "clima enrarecido" (¿será el calentamiento global?) algunos ¿ruralistas? denuncian amenazas, al mismo tiempo que protestan por la ausencia de gendarmería en las cortadas rutas que no iban a cortar (casualmente antes se quejaban por la presencia de gendarmería, pero ese es otro capítulo). No sé cómo gendarmería en las rutas impediría las supuestas amenazas, pero ese también es otro tema. Lo que cuenta es que las amenazas huelen mal, y no vienen solas, vienen con interferencia en la señal de TN. Otra gran casualidad.
Obviamente la gran lectura no dicha pero sugerida hasta el hartazgo es que dicha interferencia proviene del oficialismo que se queja amargamente de la obsesión del Grupo Clarín en su contra. Una lectura supuestamente inteligente dice que no son tan idiotas, que no harían algo tan obvio. Pero también se puede pensar que, apoyados en la obviedad de esa lectura, podrían hacerlo porque nadie los acusaría de algo tan burdo. Sin embargo, escuchando y leyendo los discursos de la oposición hay que reconocer que lo burdo, lo insostenible, la estupidez, es lo que abunda. Pero eso también es moneda corriente en el oficialismo.
Escuché mil veces a Lilita Carrió gritando enardecida que estamos en manos de mafiosos (los K), lo cual seguramente son, tanto como muchos opositores con los cuales busca aliarse, aunque contra ellos no despotrica (ahora), pero no la escuché decir (ya lo debe haber dicho) "este es el accionar mafioso del gobierno" acusando directamente a Cristina y/o su marido de firmar la orden de interferir las señales. Tampoco escuché aún discursos de repudio oficialista y lamentos por las acusaciones, pero seguramente también ya lo hayan dicho.
Los más moderados no acusan directamente al gobierno, sino a alguna facción partidaria que podría estar actuando por su cuenta, lo cual, dentro de la estupidez colectiva, no deja de ser coherente, aunque no conozco a quienes tengan la capacidad y tecnología necesarias para hacer algo así sin tener la inteligencia para ver las consecuencias (o quizás, casualmente, sí la tienen, y son las que buscan, pero no desde el oficialismo).
La interferencia a la señal de algunos medios del Grupo Clarín es un hecho, y, más allá del beneficio publicitario, soporta y acrecienta la polaridad nuestra de cada día. Al mejor estilo Maradona-Riquelme, campo-gobierno (o su versión Cobos-Cristina), Coca-Pepsi, EEUU-resto del mundo, parece que seguimos creyendo que sólo hay dos caminos. Hay una tercera posición que se opone activamente a ambos polos, también hay una cuarta, que ni se opone ni apoya, lo mira de afuera como si no tuviese nada que ver con ellos, y una quinta, a la que le conviene que se maten entre ellos.
A veces los leo o escucho y me pregunto si soy yo o realmente son tan torpes, tan obvios, otras trato de verlo como la gran jugada, pero no de ajedrez, sino de truco (en el cual nunca se llega a las buenas).
Mientras escribía este post escuché la noticia del hackeo al sitio del FPV, poniendo una foto trucada bastante ridícula de Cristina con Chávez, por un supuesto grupo ADT (¿serán los de la empresa de seguridad privada?). Algunos dirán "a nosotros también nos atacan", otros "cualquiera puede hacer eso", ambas cosas son ciertas. A mí me recordó que algunos adolescentes tontos e inconcientes en el año 75 y principios del 76, cuando tenían examen o simplemente ganas de irse, llamaban a la escuela y decían que había una bomba. Después miles decían que "ponían bombas en las escuelas" justificando el golpe de hace 33 años.
Pero volviendo al "clima enrarecido", hace unos días escuchaba a la madre de un alumno que decía "está todo podrido, en cualquier momento empiezan a poner bombas de nuevo". No queriendo meterme en la conversación, pero no pudiendo evitarlo le pregunté "¿quiénes?" a lo que respondió con un guiño que debe haber creído inteligentísimo "y...¿Cristina no era montonera?". ¿¿??. Preferí callarme y por alguna extraña asociación me acordé de Susana Gimenez. Increíble de dónde vienen los estímulos a ese "enrarecimiento".
Pobre Susana, mujer incomprendida, ella había escuchado que algunos dinosaurios aún están vivos y libres, ¿por qué no iba a preguntar si uno de ellos era el encontrado en la patagonia?. Que ese referente de un gran espectro social pidiera la pena de muerte y el retorno de la colimba porque mataron a su florista (del cual, en su momento de pena, dijo "vivía para mí", como la gran virtud del pobre hombre), y que no quede como otra típica pelotudez propia, sino que se convierta en una masiva marcha, dice mucho, demasiado, respecto del fascismo.
Me siento completamente superada por la realidad, incapaz de encontrarle sentido, nada cierra. Los sectores que se benefician, que casi siempre me resultaron claros, hoy no lo son. Oposición, kirchnerismo, sectores del PJ, todos pueden entrar en la categoría, y ninguno. Supongo que para muchos hay una única lectura y es muy clara, pero yo lo logro hacerla, cada vez que llego a algún punto yo misma me lo retruco.
Recuerdo que cuando empezaron a bombardearnos con la "inseguridad" me resultaba casi graciosa la cosificación, el tratarla como un ente con vida propia. Ahora admito que la elección del término fue jodidamente acertada, se logró lo que se buscaba, que nadie se sienta seguro, y que se golpée cualquier puerta buscando estarlo. Y todo sigue sonándome a fascismo puro.
Ahora soy parte del "clima enrarecido", porque no tengo la inteligencia necesaria como para responderme tantas preguntas, porque me siento "rara", porque no importa desde dónde empiece a pensar, siempre llego al mismo punto, a la misma palabra: fachos. E, inevitablemente, escucho venir un diluvio.

lunes, febrero 02, 2009

Los que empiezan a perder

Hace mes y pico que estoy un poco obsesionado por la cosa palestina. Un psiquiatra quizás me medicara no sin antes decirme que debería recurrir a mis afectos, socializar mi sociabilidad o cualquier otra pelotudez. Yo opto por leer más, de manera más o menos inteligente pero demasiado compulsiva. Horas y horas al día, como un loco. En este mes leí más sobre el tema que en medio siglo. Más, no menos: eso, creo, es bastante sano, doctor, ¿no cree?.
Sé que el tema no es el que más convoca lectores pero, con todo respeto, no es algo que hoy me importe demasiado: mis disculpas, quizás esto no sea en rigor un blog, con sus consabidos festejos de los cien comentarios que estas entradas jamás tuvieron.
Publico.es acaba de publicar unas declaraciones de Ilan Schturman, alto funcionario del Estado de Israel, el cual "ha iniciado el reclutamiento de centenares de voluntarios que tendrán la misión de contrarrestar las críticas que recibe su Estado en los diarios digitales de todo el mundo y defender los intereses del país en la blogosfera en general". Dice Schturman que están buscando "auténticos embajadores" que expliquen que "la imagen de Israel es muy distinta de la que normalmente se transmite en los medios de comunicación extranjeros". Schturman patina y se pega golpazo, como sus jefes, como el Estado de Israel. Los medios de comunicación extranjeros tienden a ser sionistas por razones básicamente comerciales, pero a veces dicen un poquito de la verdad, porque todo tiene un límite.
Lo que el Estado de Israel ahora dice blanco sobre negro es lo que ha hecho durante sus más de sesenta años de ilegítima y genocida existencia: multiplicar una red de propagandistas a nivel mundial que defiendan lo indefendible, es decir, que mientan; ya lo sugería Joseph Göebbels: algo queda. Lo nuevo es que ante el enorme peso de la barbarie que administra día a día contra los palestinos -y otros-, esa red histórica comienza a resquebrajarse; y ante la posibilidad técnica de que millones exhiban, denuncien y opinen por fuera de los medios tradicionales -gráfica, radio y televisión-, esa red ha quedado relegada a unos cada vez menos propagandistas sionistas, cada vez más pobres en argumentos. Lo que explica la amable leva de nuevos reservistas es que los sionistas sienten que empiezan a perder la guerra: sobre terreno y en los medios, hoy ampliados.
Es por demás sintomático que Schturman argumente que "el mundo de hoy carece de fronteras" cuando la política central del Estado de Israel -y su sostén bélico- existencial, ayer y hoy- ha sido el expansionismo geopolítico, es decir, la conquista de nuevas fronteras. Es que, no casualmente, el Estado de Israel siempre careció de fronteras. ¿Cuáles fueron, de una vez y para siempre, las fronteras del Imperio Romano, Otomano o Ruso? ¿Cuáles fueron en su momento de mayor expansión y cuáles hubieran sido las fronteras definitivas del Tercer Reich de no haber sido derrotado al costo de millones de vidas humanas? ¿Cuáles son las fronteras de los USA, con decenas de enclaves coloniales y militares a lo ancho del mundo y recientes invasiones genocidas a Irak y Afghanistán en razón de su "seguridad nacional"? ¿Cuáles son las fronteras admisibles e incluso admitidas de cualesquiera engendros político- militares de amañada retórica nacionalista pero auténtica vocación imperial?
No lidiamos con el pacífico hogar de unos muy supuestos y demasiado milenarios hijos de Israel (Jacob) sino con uno de los más poderosos y sangrientos brazos del capitalismo mundial.
Si uno piensa en territorios, ciudades, barrios o aldeas y en definitiva, vidas humanas, resulta escalofriante la colección de mapas históricos que ofrece el sitio de la Delegación General de Palestina. Invasión, invasión e invasión; única conclusión posible. Un muro que serpentea a fin de separar a cada colono invasor de cada poblador palestino. No he podido hallar el argumento de unos contramapas sionistas. Verás que todo es mentira, decía el bueno de Discepolín.
Pero quizás estos sean "excesos" de un gobierno o de un régimen y no el elemento fundante del Estado de Israel. Veamos entonces qué decía a fines del siglo XIX el padre fundador del sionismo:
"[Muchos judíos] no podían seguir a Theodor Herzl cuando dijo que quería 'colonizar Palestina', crear allí un Estado judío y para hacerlo 'prestar servicios al Estado imperialista que protegerá su existencia'. […] En Israel, todavía, son los textos fundadores del sionismo los que alumbran la política actual. Cuando en 1897 Herzl se dirigió al gobierno francés, con la esperanza de obtener su apoyo para la fundación de Israel, escribió: 'el país que nos proponemos fundar incluirá el Bajo Egipto, el sur de Siria y la parte meridional del Líbano. Esta posición nos hará dueños del comercio con la India, Arabia y África del Este y del Sur. Francia no puede tener otro deseo que el de ver los caminos de la India y de China ocupados por un pueblo dispuesto a seguirla hasta la muerte'". (Hirtt, Nico; "Moyen Orient: le prix de l’apartheid" en Bellaciao.org. Traducido para Rebelion.org y Tlaxcala por Caty R., 20 de julio de 2006.)
Curiosa coincidencia geopolítica con los objetivos geopolíticos de la guerra de los seis días de 1967. ¿Y dios y su tierra prometida? ¡Ah, bueno!, eso es para la gilada creyente, no para la rosca política. ¿O alguien cree que Schturman plantearía esa pavada de los embajadores en la blogósfera en reunión con Hillary Clinton o Barack Obama? Y nadie me rompa las bolas con esto porque acabo de releer el bíblico "Números" y es la promesa divina de la expulsión bélica de quien habitare la famosa "tierra prometida"; es decir, unos 3200 años de continuidad místico- religiosa que muchos aún leen literalmente como místico- genocida.
En definitiva, Schturman anda convocando a una red mundial de propagandistas en defensa del Estado de Israel vía web. Yo, que tengo una autoridad política mucho menor que la suya, pero una ética, y eso es bastante -y apuesto que mejor presencia que Schturman en esa misma web- no puedo convocar a una red contraofensiva simplemente porque nadie me daría ni cinco de pelota. Lamentablemente y en este sentido, nuestra resistencia está condenada a ser como la de los palestinos -es la de los palestinos; con todas mis disculpas por la enorme diferencia entre cuerpo y escritura-: oportuna, fragmentaria, puntual y muy casera, cual Qassam.
Acá, toda avanzada propagandística sionista no será respondida, por aquello de que al fascismo no se lo discute, se lo combate en la calle. Y esto aún no es una calle sobre la que cae la lluvia, sino un medio al humilde -y quizás infructuoso- servicio de que la lluvia no caiga.

lunes, enero 19, 2009

Sabatino, Javier, Marina y otros pelotudos

Los usos sociales de este medio de comunicación que ha dado en denominarse blog suelen desechar un tipo de práctica que, no obstante, el dispositivo habilita e incluso fomenta: la lectura de viejas entradas que permanecen archivadas, disponibles e indizadas por fecha. Como ha señalado 1+, en casi todo blog hoy no es (sólo) hoy; y en los comentarios de éste, un entusiasmado SirThomas prometió iniciar "la lectura del blog en su totalidad", elogiosa empresa que no sé si habrá alcanzado.
Es cierto que las viejas entradas continúan indexadas por los buenos buscadores (motores) y que miles de malos buscadores (usuarios) van a parar donde no querían, pero es francamente raro que dichos usuarios se tomen el trabajo de dejar comentarios en antiguos artículos: más bien tocan y se van, homenajeando a aquellos viejos wines futboleros.
Este blog cuenta con una entrada que constituye su excepción: está publicada hace más de tres años y se titula "Sabatino Arias: un pelotudo insoportable". El mérito y la culpa son sólo míos. Tal artículo no sólo mantiene un lugar de privilegio en las búsquedas que conducen a este sitio sino que continúa cosechando comentarios, a favor y en contra de la pelotudez de Arias. Bueno, comentarios, es un decir.
Hace un par de días, esa entrada ameritó la escritura de un feliz matrimonio: el que constituirían Javier (49) y Marina (38). Se supone que los números representan años de vida pero también podrían significar coeficiente intelectual o cantidad de neuronas: en cualquier caso, no veo la relevancia del indicador. El supuesto Javier no suscribe como Javier sino como Anónimo pero 22 minutos más tarde su señora esposa, Marina -que también suscribe como Anónimo-, aclara los tantos.
Javier y Marina, que de los tres años y pico de este blog no conocen ni el nombre, se permiten denominarnos (entiendo que a editores y comentaristas) como "congregación de idiotas mal masturbados", dicen que "puede ser que [Arias] se los fornique a todos juntos", que quizás "les habrá fornicado a las novias, hermanas, madres" y terminan por condenar "tanta mariconada sin poner los testículos". No sé ustedes, pero yo intuyo algún problema sexual en esta tan armónica pareja.
Tal vez no sea una pareja sino el agente de prensa de Arias o, por qué no, el mismísimo Arias. Y acá arribo al tema que me interesa abordar: el personaje, es decir, el enunciador. Se me disculpará la digresión semiótica porque me resulta imprescindible: el enunciador es el personaje que el discurso produce en términos de su aparente sujeto emisor. Yo no sé quién sea el tal Arias en su privacidad y me importa tres carajos; sólo opiné acerca del enunciador Arias que se vende (y muy bien) públicamente como tal. No parece tan difícil de entender.
Sin embargo no se entiende. Los buenos de Javier y Marina no parecen comprender que el discurso público está sujeto a la opinión y a la crítica y, por más que ellos no den la cara, pretenden que yo sí la dé. No les basta mi firma autoral, quieren la carne y el hueso. Parecen del tipo social "machito de barrio" que no admite otra solución que la que devendría de la pelea a trompadas en una esquina. A trompadas, porque el que agarra un palo es un definitivo puto. Barrabravas de Arias, ni más ni menos.
El supuesto idiota de Javier dice que Arias genera "tanta incoherencia en este blog?, esto me preocupa bastante!". ¿Desde cuándo al anónimo Javier le preocupa bastante la supuesta incoherencia en este blog? Luego me urge a que convoque a Arias a "una charla mano a mano" y sentencia: "si no lo hacen son unos cagones". Mirá vos, Javier, ¡qué capo que sos! Y qué valiente, ¿puedo ser tu amigo? La idiota de su supuesta esposa, Marina, agrega que "el tipo en cuestión es público, su nombre y su foto anda por todos lados" y por lo tanto nos reclama -en su media lengua escrita-: "porque no publican una fotito de Uds.?". ¿Quieren fotito?, ¡va una fotito!, ¿por qué no?
La razón por la cual aquí he criticado esa cosa radiofónica cuyo enunciador se denomina Arias es que esa cosa era (parece que Continental entendió que era una cosa inconveniente y la limpió) pública y se transmitía por una de las dos o tres radios de mayor alcance nacional. Javier y Marina, pedazo de idiotas enunciadores, ¿creen que la opinión sobre textos o la crítica mediática amerita resolver algo a piñas mostrando quién tiene mejor identificación social con los estereotipos del macho? Quizás sí; algo de esto ya está embrionariamente presente en la enunciación primitiva y machista de Arias.
Y ojalá puedan mejorar su performance de falsos comentaristas antes de que la lluvia nos caiga encima, a todos. Porque ustedes, lamentablemente, son promotores de la puta lluvia que nos caerá.

martes, enero 06, 2009

Ni reyes ni magos: sionistas y asesinos

Hoy se conmemora la improbable visita que unos sacerdotes, reyes, magos o lo que fuesen le hicieron hace más de dos mil años a un niño palestino nacido en el seno de una familia judía. Parte de la celebración consiste en que muchos niños contemporáneos reciben regalos, sujetos a la economía de sus señores padres y más o menos disimulados como obsequios dejados durante la noche por aquel mismo trío de viajantes orientales quienes, dicen, a lomo de camello siguieron una estrella a través del desierto.
Tal vez en conmemoración de esta fecha mítica, el moderno Estado de Israel -racista, totalitario, belicista, criminal y terrorista- lleva un par de semanas obsequiando bombardeos aéreos y ofensivas terrestres a tantos niños que habitan la Franja de Gaza, ese jirón desértico en el que millón y medio de palestinos vive hacinado, sometido a un bloqueo inhumano y refugiado en su propia tierra. Alrededor de un centenar de esos niños no han llegado a su "noche de reyes" porque en estos días han caído asesinados por el ejército sionista junto a unos seiscientos -y probablemente muchos más- de sus mayores. Otros, claro, aún sobreviven, sin padre o sin madre, heridos o mutilados, sin agua ni alimentos y sometidos al terror impuesto por el invasor.
A muchos kilómetros de allí, en el Centro Judaico de la Nueva Sinagoga de Berlín se presenta una exposición fotográfica denominada "Es brennt!" ("¡Arde!") en recordación de las víctimas de la Reichskristallnacht (noche de los cristales rotos, 9 a 10 de noviembre de 1938) en que militantes nazis destruyeron sinagogas, comercios y viviendas de judíos a lo largo de Alemania. "Dos días duró la persecución: Se trataba de acabar con los judíos. Fueron maltratados, golpeados y humillados públicamente. No se hizo ninguna distinción -mujeres, hombres, niños, ancianos y enfermos".
Con el ajuste de algunos términos -semanas por días, muertos por maltratados, gazanos por judíos- la breve descripción podría aplicar a la actual ofensiva israelí contra la Franja de Gaza y a cualesquiera de las muchas que se sucedieron contra población palestina en los últimos 60 años. Incluso esas patotas de nazis rompevidrios de 1938 parecen fachos de poca monta en comparación con el muy sofisticado y equipado ejército sionista; quizás habría que hacer analogías con la invasión de Checoslovaquia que, al cabo, terminaría en conflagración mundial y holocausto de millones.
Tal vez en 70 años se recuerden estas masacres perpetradas por el Estado de Israel con nuevas muestras de fotografías; imágenes que hoy escasean porque la prensa mundial tiene poco acceso a Gaza y la prensa local tiene poco acceso a su difusión. También ha de tener otras urgencias y prioridades: en principio, por ejemplo, su supervivencia.
La cuestión es que hoy muchos han de recorrer la exposición judeoalemana, justamente indignados, y haciéndose ese tipo de pregunta al menos tan estúpida como habitual: ¿cómo es que pudo pasar esto?, ¿cómo nadie se dio cuenta?, ¿cómo nadie lo paró a tiempo? Luego regresan a sus hogares, encienden el televisor, ponen el noticiero de la Deutsche Welle -o cualquier otro de cualquier país civilizado, es decir, occidental y judeocristiano- y repiten junto a sus conductores: los árabes son terroristas, los musulmanes son fanáticos, Israel tiene derecho a su defensa. ¿Acaso no sonarían hasta el hartazgo falacias análogas en los informativos de 1938 pero referidas a la ofensiva del nazismo contra judíos, gitanos, negros o cualesquiera otros?
La condición necesaria para empezar a resolver el conflicto histórico de la región es la destrucción definitiva de ese enclave militar y artificial, alimentado por el poder mundial y denominado Estado de Israel. No lo digo sólo yo sino mucha gente que conoce más y mejor acerca de la cuestión.
Por ejemplo, ésta: "El Estado de Israel es una bomba atómica que debe ser desmantelada urgentemente para salvar las vidas de todas sus víctimas actuales y potenciales". La frase no constituye el exabrupto de un fanático islámico ni de un iraní desquiciado sino que proviene de la "Carta de la Red Judía Antisionista Internacional" (IJAN), organización que hoy llama a poner fin al sitio de Israel sobre Gaza.
Vale la pena leer "'Plomo fundido' sobre la conciencia judía" publicado este domingo en Página/12 en el cual León Rozichtner se pregunta: "¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la 'solución final' occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes?". Y también la informada reflexión "Israel" publicada en Cochinaesperanza's Weblog semanas antes de esta nueva escalada de plomo, muerte y terror: "La función del Estado de Israel, los transforma en paranoicos pero con razones: en medio oriente no son víctimas, son asesinos. El sionismo destruyó el humanismo judío para siempre".
Este 6 de enero, ni reyes ni magos han obsequiado a los niños palestinos literalmente atrapados en la Franja de Gaza. En su lugar han recibido la visita de los esbirros de un Herodes modernizado -ya no es funcional a Roma sino a Washington DC- armados hasta los dientes que, en síntesis, orientan su esfuerzo a la limpieza étnica.
Un día, tal vez, se harán muestras itinerantes sobre el terrorismo sionista, monumentos en memoria de sus víctimas y visitas guiadas a lo que quede en pie.
Entonces muchos -como siempre, demasiados- se preguntarán cómo fue que aquello empezó, cómo nadie se dio cuenta y cómo carajo se largó a llover.

La fotografía fue tomada en Gaza por Ibraheem Abu Mustafa para Reuters. Más tarde fue tomada por mí, sin permiso alguno, de un sitio que no recuerdo y editada a mi humilde gusto.

lunes, diciembre 22, 2008

Cifras pequeñas y grandes estafas

Hay, básicamente, dos grandes clases de grandes robos. Del primero de ellos se ha hablado mucho, tanto en la crónica periodística cuanto en la ficción literaria o fílmica. Se trata de una clase de redistribución ilegal del ingreso que, en mí, mueve simpatías ligadas al héroe romántico, al paladín justiciero y a la figura de Robin Hood, aún si el destino de la redistribución fuere su patrimonio personal. Me refiero al ladrón talentoso que inventa un modo original de desvalijar a un banco o pergeña el robo de un objeto valiosísimo a otro ladrón de mayor peso. Por mí, cien años de perdón, como dice el refrán.
Del segundo modo de perpetrar afanos de (mayor) magnitud se ha hablado mucho menos y el sagaz lector intuirá por qué motivo. Me refiero al atraco menor que se multiplica por millones debido al lugar monopólico -y, por lo tanto, al puto poder- que detenta el maleante. Esta clase de robo no cuenta con ninguna de mis simpatías y se vincula a gigantescos saqueos basados en la sumatoria de magnitudes deleznables. Hay miles de casos pero sólo mencionaré tres para, luego, denunciar la más insólita de la categoría.
1. El valor de una llamada telefónica producida desde un locutorio está fijado en $0,23. El concesionario de turno redondea siempre a $0,25; es decir que por la supuesta falta de centavos roba el 8,7% del valor establecido y sobre el robo perpetrado, obviamente, no paga impuestos. Diez llamadas son $2,30 pero el concesionario siempre reclama $2,50 y acá no hay argumento respecto de monedas -que no es responsabilidad del usuario, claro- que justifique tal choreo sino el choreo en sí.
2. Vale también referir al histórico volumen de las botellas de cerveza -entre otros envases- cuyo "litro" consiste en confesos y supuestos 970 cm3. Un 3% menos que pasa desapercibido como también el 5% escamoteado al "litro" de fernet y el 12% faltante de la birra históricamente denominada como de "tres cuartos". Pero estos casos son discutibles, es verdad: se sabe y lo explicitan sus envases. Distintos a esta estafa más evidente y peor justificada: "se sabe que espinaca a la crema es acelga con salsa blanca". Y bué.
3. Telefónica de Argentina (que no es de Argentina, claro) hace años que factura el concepto "Imp deb/cred ley 25413" que, obviamente, no explicita más. En mi última factura por $49,25 sin impuestos y $59,59 con impuestos el "Imp deb/cred ley 25413" asciende a $0,43.
La ley 25413 llamada "de competitividad" y/o "de impuesto al cheque" -no veo vínculo alguno entre esos nombres- fue sancionada y promulgada el 24 de marzo de 2001 -la fecha significa but no comment- y previene que "se establece un impuesto a aplicar sobre los débitos y créditos en cuenta corriente bancaria y otras cuestiones conexas". No sé hasta dónde llegan esas cuestiones conexas porque no he entendido nada de su articulado, pese a hallarme más o menos entrenado en la lectura de normativa jurídica. Pero nada de nada.
Yo no tengo cuenta corriente bancaria, no emito ni recibo cheques y en el supuesto -arbitrario y estimado- de que a cinco millones de líneas fijas se le facturen $0,43 mensuales por tal concepto, daría alrededor de $25.800.000 al año en concepto de robo.
4. Por último, el caso que ha motivado este artículo. Durante cuatro décadas he utilizado con cierta frecuencia el estatal Ferrocarril Belgrano (Norte) que hace unos quince años (Menem lo hizo, Kirchner lo apoyó y ratificó) fue concesionado a la privada y pirata Ferrovías SA. Desde hace años, Ferrovías ha resuelto que los trenes no se arrimen a la cabecera de la línea -Retiro- sino que lleguen y partan desde unos considerables metros distantes de la efectiva terminal. Hoy he medido esa distancia en pasos: 140. Calculemos que 140 de mis pasos sean apenas unos 125 metros (la cifra es útil para el redondeo) y recalquemos que es la distancia que los usuarios deben recorrer desde el punto en que finaliza el ramal hasta el primer vagón ferroviario. Ancianos, niños, embarazadas, madres y padres que cargan críos, lisiados y paralíticos, discapacitados permanentes -en particular pienso en rengos- o transitorios -enyesados que usan muletas- y cualesquiera otros usuarios debemos recorrer unos 125 metros de más para abordar el puto tren.
Hagamos números y redondeemos en 400 los servicios semanales de ese ramal ferroviario: 200 que van y 200 que vienen, todos los cuales se ahorran 125 metros, porque no llegan a destino o parten de más allá. La cuenta me da unos 2600 kilómetros al año que pagan -por anticipado- millones de usuarios y jamás le son brindados. Es como facturar y cobrar un servicio de ida y vuelta desde Buenos Aires hasta Neuquén, Tucumán o Salta pero jamás prestarlo.
En mi caso, que suelo pagar por unos 14 kilómetros de transporte ferroviario, el robo es del orden del 0,9%.
Poco, muy poco, pero muy cerca de la tasa con que cada cual parece contribuir a diario con la lluvia que caerá.