sábado, octubre 15, 2005

No pasarán

Desde hace varios años, Buenos Aires está obstruída por vallas. Primero fueron las rejas que poco a poco rodearon estatuas, fuentes, plazas, parques. Suerte de vallas inmuebles que algunos ladrones supieron movilizar y se robaron completas generando así la necesidad de su restitución y un nuevo agosto para ciertos fabricantes y colocadores de rejas que, quién sabe, estuvieran asociados con los chorros.
Después, hacia fines de 2001, el Gobierno Nacional entendió que el venturoso destino del país dependía de mantener la crisis lo más lejos posible de la Casa Rosada. El rubro de la herrería industrial, de parabienes, porque por entonces aparecieron cientos, quizás miles, de férreas vallas móviles que impidieron por todo el centro porteño el derecho de libre tránsito que aún consagra la Constitución Nacional y siempre derogan los usos y costumbres gubernamentales. Era la época en que Eduardo Duhalde hablaba de "un país condenado al éxito" mientras evitaba que sus ciudadanos se acercaran con éxito a los despachos del poder.
También florecieron centenares de efectivos de la Polícia Federal armados hasta los dientes y apostados de modo permanente en los alrededores, supongo yo que para vigilar que no se roben los vallados. Hasta el día de hoy, la Plaza de Mayo quedó cortada en dos, la calle Balcarce reducida a un pasaje y la Casa de Gobierno rodeada por los cuatro costados por un exagerado dispositivo de rejas. Son vallas móviles que se movilizan bien poco porque permanecen allí desde hace cuatro años, inútiles y pesadas en su función preventiva, ominosas e imponentes en su dimensión significante.
Al calor de los discursos mediáticos y no mediáticos acerca de la inseguridad -que involucra un ladrón de gallinas, un violador serial, un joven bebido, un semáforo roto, un accidente vial, un obrero en huelga y cualquier otro argumento funcional a la ampliación del concepto- las rejas y las vallas se multiplican como conejos en celo desaforado y devienen paisaje y monumento urbano: los turistas se fotografían contra un fondo de vallas menos por opción que por obligación porque el represivo enrejado ya es telón ciudadano. Y donde aún no lo es, lo será: es un problema de financiación y presupuesto y no de polémicas respecto de su necesidad.
El Parque Rivadavia, entre otros, era frecuentado por paseantes y ladrones y, como era de esperar, algunos ladrones asaltaban a algunos paseantes. Ahora el problema quedó resuelto porque el solar está rodeado de rejas y al atardecer se clausuran sus accesos bajo siete llaves. Ahora paseantes y ladrones circulan del lado exterior del vallado y, como era de esperar... Ya nadie es asaltado por las noches dentro del Parque Rivadavia del mismo modo que ya nadie es explotado en las fábricas vaciadas y clausuradas. Curioso modo de no resolver nada exhibiendo las señales de una falsa solución que, además, promete más límites y más cierres y más metáfora de la prisión.
Hace unas horas -madrugada, ciudad desierta, calma chicha- pasé por la Jefatura del Gobierno de la Ciudad y pude observar el siguiente espectáculo: una cadena de vallas de hierro apoyadas en la calzada alrededor del edificio; detrás, en el borde de la acera, una extensa reja destinada a impedir el cruce peatonal; detrás, otra larga secuencia de vallas paradas en el centro de la vereda. Tres firmes líneas de hierro contra ¿la inseguridad?, ¿de quiénes?.
Las vallas y las rejas son un componente insoslayable de la comunicación oficial. Néstor Kirchner y Aníbal Ibarra dicen a diario que sin muros de hierro impidiendo el desplazamiento de los peatones a través de la ciudad no se puede o no se quiere gobernar. Son gobiernos -se dice- democráticos y de centroizquierda: no quisiera enterarme qué proponen en su lugar quienes critican su izquierdismo permisivo.
Desubicado, exagerado y alegórico, me acordé de Bethlehem en Palestina, de Melilla en Marruecos, de Guantánamo en Cuba y de otras cuantas vallas, rejas y muros no muy distintas que aquellas que la nobleza alzaba en torno a sus castillos para decir lo mismo: no pasarán.
Y me acordé de otros demócratas que están a la izquierda, según cómo uno se perfile respecto de la valla que ellos levantan y sostienen.
Y me acordé que va a llover.

4 comentarios:

Grismar

Recuerdo un pedido salido de las huestes blumberguistas de vallado-cercado de la Villa 31 (y otras tantas) que me hizo recordar la hoy "liberada" Franja de Gaza, la cual me hizo acordar del ghetto de Varsovia, el cual me llevó a recordar...

Cinzcéu

Demasiada imaginación, Grismar, demasiada...

Anónimo

En Marzo del 2002 Luis Zamora presentó en la cámara de diputados un proyecto que pedía que se dejara sin efecto el decreto que permitió el vallado en el Congreso. Ni pelota le dieron. Me acuerdo que en aquel momento mirando las vallas pensé que solamente faltaba el cartel que dijera: "no se detenga o el centinela abrirá fuego"

Grismar

Recuerdo el proyecto, y recuerdo la pelota.
¿estás seguro que ese cartel no estaba? Que descuido, tanto cartel desocupado después del proceso.